Teoría de los Hueviiitos!! de Miami

31 de marzo de 2008

Llegando a Miami, el hotel en donde me hospedé contaba con una pequeña cocina dentro del cuarto: Una estufa con 2 parrillas, un horno de microondas, un refrigerador, trastes y alacena. Lo noté al entrar al cuarto.

Cuando llegué Agüiiita me hizo favor de llevarme al $metro(english) a comer una torta al gusto, una simple torta de tamaño normal con el número normal de ingredientes, sin refresco: US$6.00 aproximadamente. De inmediato me di cuenta de que tendría que pensar en otra alternativa para comer, porque la comida es mucho más costosa aquí. Llegando a $job[usa] compré una bebida y otros US$1.50. En la noche Agüiiita me regaló algo para poder cenar y no tener hambre. Ese día en total US$7.50 en alimentos.

Como me di cuenta de que así gastaría demasiado y en comidas que no son del todo de mi gusto, existía la opción de comprar comida colombiana “casera”. US$6.00 por día y era una comida mucho más apetecible que la torta. El segundo día decidí ir a una tienda comercial de autoservicio para abastecerme de despensa para preparar mis propios desayunos y cenas, así que compré una dieciochonera de huevos, jitomate, jamón, un cereal azucarado grrrrrrandioso, leche, pan blanco y un jugo. US$16.00 en total.

Cuando llegué al hotel y arreglé toda la despensa, me di cuenta de que los huevos eran “jumbo size” y eran diferentes que los de México. Así comenzó toda la historia. La primera vez me hice unos huevos revueltos con jitomate y jamón picado, me preparé unos sándwiches que me supieron a gloria y comí hasta saciarme, o tal vez más. Como había sobrado lo suficiente para otros dos días, pasé el huevo del sartén a un plato y lo guardé en el refri para hacerme sándwiches cada vez que tuviera hambre y el sartén sucio lo puse a enjuagar en el fregadero esperando a que llegara el viernes (día de aseo total a mi cuarto) y lavaran los trastes.

El tercer día volví a cenar sándwiches de huevo con jamón, y el cuarto. Aún teniendo en cuenta que la primera vez que comí huevos me supo a gloria, había un saborcito, un “after taste” como dicen acá, un saborcito que ya saboreándolo bien no era agradable. La primera vez que fui al baño noté un olor muy…extraño, muy…diferente, mucho más desagradable de lo habitual. Al principio no le di importancia y sólo pensé: “uta ma…, qué comiste?, no mames!”, y hasta ahí. Le eché la culpa a la comida colombiana.

Los días pasaban y las mismas situaciones se presentaban en el baño, no podía ser yo, olía demasiado desagradable para ser yo, por qué no habría de soportar mis propios olores?. Pero esto ya había rebasado el límite, ni el más apestoso de los pedos que me había echado en toda mi vida olía así. Decidí limitarme al baño para los pedos ocasionales, se tenían que educar ahora a un horario. Pero el que ha intentado aguantar un buen rato sabe que no es nada fácil, hasta se llega uno a marear y a sentirse mal.

En fin, así pasaron los días y llegó el viernes. Para mi sorpresa cuando llegué al hotel estaba todo perfectamente arreglado, excepto los trastes, que seguían con agua enjuagándose. Me enteré luego que en el servicio de limpieza completo no estaban nunca incluidos lavar los trastes. Ni modo, tenía que lavar los trastes por mí mismo, porque quería prepararme más cena.

Me dispuse a lavar los trastes y al mover el sartén para quitarle el agua… ese mismo olorcito, yo lo conocía, ya lo había olido… ajá!!!, era el olor tan desagradable que yo conocía, así que no era carne de caballo el causante de ese olor, eran los huevos de Miami. Había descubierto de dónde venía el olor, ¿pero por qué olían así?, ¿por qué tenían ese olorcito?, ¿tenía algo qué ver con su tamaño?, ¿Por qué en México no saben así?. Lavé los trastes y cociné más huevo con jamón y jitomate.

La historia en el baño se repitió por otros 2 o 3 días. La teoría de los huevos de Miami es que están genéticamente transformados para ser más grandes, más blancos, más fuertes, más rápidos, más furi… ah no, eso no, más… diferentes. Y dentro de todas las diferencias está también que generan más gases y mucho más apestosos. Lo comprobé con el método científico. Es real. Extraño los huevos colorados de México, son mucho mejores en todos los sentidos. Consuman productos mexicanos. Coman frutas y verduras… y huevos mexicanos.

Como no nació en Miami, Huevito es Hueviiito!!, si no sería Huevooote!!. Aunque no me imagino cómo sonaría.

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One Comment on “Teoría de los Hueviiitos!! de Miami”


  1. [...] donde hacían comida italiana y la entregaban a domicilio. Harto de comer huevos de Miami, y de sus efectos, un día decidí ver qué opciones había para pedir pizza y que me la llevaran al [...]


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