Salsa Catsup
1 de abril de 2008
En el hotel en donde estaba hospedado en Miami, diariamente pasaban por debajo de la puerta del cuarto promocionales de diferentes restaurantes en donde hacían comida italiana y la entregaban a domicilio. Harto de comer huevos de Miami, y de sus efectos, un día decidí ver qué opciones había para pedir pizza y que me la llevaran al hotel.
Hablé por teléfono y pedí la pizza mitad champiñones y mitad peperoni, grande, que costaba aproximadamente U$12.00 y el costo por envío era de U$5.00. Después de que los huevos de Miami me dieran una mala impresión, pensé: “bueno, al menos voy a comer una pizza y voy a probar algo bueno”.
Cuando la pizza llegó, estaba en una caja toda chafa de cartón sin pintar ni nada. La pizza ya estaba pagada, la pagué con mi tarjeta provisional antes de tener el pedo de la cancelación de mi cuenta de banco. No me dejé llevar por las apariencias y como tenía mucha hambre, estaba desesperado por abrir una deliciosa y calientita pizza, con sus salsas cátsup y picante (chimichurri o valentina, pero picante).
La decepción total se dio cuando abrí la caja. La pizza más delgadita que jamás había visto, las orillas estaban hechas por una masa dura y quemada, no incluía ningún tipo de salsa, en fin. A mí me dio muchísimo coraje, una de las cosas que más me enojan es no comer como debe de ser. Me refiero a que una comida puede ser perfecta teniendo ciertas características, y cuando no es perfecta para comer, me da coraje pensar en que “de haber tenido… hubiera sido perfecta” y el hecho de que no lo tenga y tenga qué comérmela así. Pensé: “si tuviera salsitas, al menos pudiera saber mejor. Si la masa estuviera más gruesa y sin quemar, también podría saber mejor. Si la hubieran traído en una caja que no estuviera tan chafa, podría estar al menos tibia. Si le hubieran pasado un cortador con filo suficiente, podría tan siquiera ver las rayitas que me sirvieran de guía para intentar cortar las rebanadas”.
De todos los defectos que tenía la pizza, pensé que por lo menos le podría dar solución a la salsa, así que me dispuse a hacer una salsa cátsup hotelera (no sería casera, porque no estaba en mi casa). Agarré uno de los jitomates que tenía en el refrigerador y lo empecé a partir. No me preocupé porque los cortes fueran en rebanadas, o en cuadritos, ¿qué más daba si al final lo iba a “licuar” todo?, así que lo corté con cortes irregulares del tamaño que se me antojaba. Fui por un tenedor a la cocina y tuve la intención de empezar a machacar el jitomate en un plato hondo que definitivamente no podría servir de molcajete para nada, ya que estaba más liso que Vitola.
Quise empezar a aplastar el jitomate con el tenedor y no lograba ningún resultado, a lo mucho sacarles las semillas a los cortes irregulares, así que terminé más frustrado de lo que creí al intentar improvisar una salsa cátsup hotelera. Terminé comiendo la pizza fría, dura, con pedazos de jitomate mal cortados. Jamás volví a pedir pizza de esos lugares, porque además de cara, fue una total chafada.
Tags: Comida
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